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Criaturas marinas de las profundidades: 7 ejemplares fascinantes.

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Afirman que solo tenemos conocimiento de un 5% de lo que habita en los océanos. Esto implica que todavía queda un impresionante 95% por explorar y descubrir en un volumen total de agua de 1332 millones de kilómetros cúbicos. Sin embargo, es sorprendente cómo sabemos más sobre la superficie de la luna que sobre nuestro propio planeta. El acceso a todos los rincones del océano es una tarea desafiante y costosa. Apenas estamos comenzando a explorar una pequeña parte gracias al uso de vehículos robóticos no tripulados (ROVs) y otras máquinas, pero este campo aún está en desarrollo.

¿Dónde residen los peces abisales?

Podemos dividir los océanos en dos: el primero es el océano superficial, que representa una cantidad menor de agua (hasta 200 metros de profundidad) y alcanza la luz solar, conocida como zona fótica. Aquí es donde se concentra la mayoría de la vida marina, ya que la luz permite la fotosíntesis y la formación de cadenas alimentarias completas. El segundo océano es oscuro y de difícil acceso, ocupando el resto del volumen de agua, con profundidades desde 200 hasta 11,034 metros, como el abismo Challenger en la Fosa de las Marianas. Esto es conocido como la zona afótica, sin luz solar. La exploración es complicada debido a las altas presiones y bajas temperaturas. Descender al abismo Challenger, con sus 11,034 metros de profundidad, implica soportar una presión de más de 1,000 atmósferas, más de mil veces la presión al nivel del mar. El director canadiense James Cameron (Titanic, Avatar, Abyss) fue el primero en descender en solitario al abismo Challenger en 2012.

Los peces abisales son criaturas que habitan en estas profundidades.

Conociendo estos datos, es difícil imaginar que haya vida en estos lugares. Sin embargo, existen peces abisales que pueden sobrevivir en condiciones extremas de presión y temperatura. Representan solo un pequeño porcentaje de la biomasa marina, ya que están desconectados de las cadenas alimentarias basadas en la fotosíntesis. Comparado con los 5 kg de organismos por metro cuadrado en la superficie, en las zonas abisales, la densidad no supera 1 gramo por metro cuadrado. Estos peces se alimentan de la depredación entre la fauna abisal o de animales muertos que caen desde capas superiores del océano. Las adaptaciones incluyen bocas grandes, cuerpos compactos y poco hidrodinámicos, y, en algunos casos, bioluminiscencia y ojos altamente sensibles. He aquí algunos ejemplos:

1. El Pejesapo Espinoso (Caulophryne jordani)

Este fascinante pez abisal se encuentra en el Atlántico Norte, el Pacífico y el Índico. A diferencia de otras especies, nunca asciende a la superficie, prefiriendo permanecer en un rango constante de profundidad que oscila entre los 700 y los 3000 metros. Aunque su apariencia podría considerarse monstruosa y sería apta para protagonizar películas de terror, su tamaño no supera los 25 cm. Entre sus adaptaciones notables se incluyen una boca grande que le permite capturar presas de mayor tamaño y aprovechar los escasos recursos alimenticios que encuentra.

Además, presenta un cuerpo compacto y un metabolismo lento. Los filamentos que lo cubren son órganos extremadamente sensibles capaces de detectar las vibraciones más mínimas a su alrededor. En la imagen, se puede observar claramente una hembra, ya que los machos son considerablemente más pequeños y rara vez se dejan capturar o fotografiar.

2. El Diablo Negro (Melanocetus johnsoni)

Este pez abisal reside en profundidades de aproximadamente 4000 metros. Posee un cuerpo poco hidrodinámico y una piel flácida, lo que le permite permanecer inmóvil en las aguas profundas, evitando así la detección de posibles depredadores, dado que otros peces se hundirían si dejasen de nadar. Tienen un órgano bioluminoso en un apéndice en la cabeza que utilizan para atraer a sus presas hacia sus fauces. Su tamaño máximo es de unos 20 cm.

Las hembras son considerablemente más grandes que los machos. De hecho, todas las hembras capturadas tenían uno o varios machos adheridos a sus costados o incluso entre los ojos. Estos machos normalmente parasitan a las hembras a cambio de esperma, fusionando sus tejidos con los de las hembras y degenerando hasta quedar completamente fundidos con ellas.

3. El Pez Víbora (Chauliodus sloani)

Estos peces abisales habitan en profundidades que alcanzan hasta 4400 metros y pueden llegar a tener un tamaño de 25 cm. La característica más destacada de esta especie es su adaptación en forma de enormes dientes que no caben en su boca y que sobresalen a la altura de sus ojos. Esta característica hace que sea difícil para sus presas escapar de su dentadura, lo que constituye su ventaja evolutiva. Sin embargo, un error en la elección del tamaño de la presa puede resultar en la muerte del pez, ya que puede quedar atrapada y no ser capaz de ingerirla.

4. El Pez Dragón (Stomias boa)

El Pez Dragón es notorio no solo por sus dientes relativamente grandes en comparación con el resto de su cuerpo, sino también por su capacidad para abrir las mandíbulas de manera similar a las serpientes. Esta habilidad le permite ingerir presas de considerable tamaño. Dado que el alimento es escaso en las profundidades abisales, desaprovechar la oportunidad de capturar presas grandes podría resultar en la muerte de estos peces. Por lo tanto, las mandíbulas amplias y los dientes semejantes a sables son esenciales para su supervivencia. Estos peces abisales pueden alcanzar un tamaño de hasta 32 cm y habitan a profundidades de hasta 1500 metros.

5. El Yelmo de Nariz Cuadrada (Scopelogadus beanii)

Estos peces abisales reciben su peculiar nombre debido a la placa ósea que recubre su cabeza, que se asemeja a los yelmos utilizados por los caballeros de la Edad Media para proteger sus cabezas. Tienen un tamaño de alrededor de 12 cm y se encuentran en abismos de hasta 4000 metros de profundidad. Sus fosas nasales son notoriamente más grandes que sus ojos, lo que sugiere una mayor importancia del sentido del olfato en comparación con el sentido de la vista para su supervivencia en las oscuras profundidades.

6. El Gran Engullidor (Saccopharynx sp.)

Este pez abisal se destaca por ser uno de los más grandes en su hábitat. Puede alcanzar longitudes de hasta 2 metros, aunque raramente se encontraría con humanos, ya que vive a profundidades que oscilan entre los 2000 y 3000 metros. Presenta ojos de gran tamaño y una cola afilada que ofrece poca resistencia al agua, lo que le permite ser un depredador más eficiente en comparación con otros peces mencionados anteriormente. Sus mandíbulas son desproporcionadamente grandes, lo que le permite tragar a sus presas enteras en una sola pieza.

7. El Cerato Abisal Blanco (Haplophryne mollis)

Al igual que otros peces ceratos, el Cerato Abisal Blanco muestra un marcado dimorfismo sexual, lo que significa que existe una clara diferencia física entre los machos y las hembras. En este caso, los machos son considerablemente más pequeños que las hembras, con tamaños que pueden ser de 15 a 30 veces menores, y son mucho más numerosos que las hembras. Por esta razón, su principal objetivo de vida es encontrar una hembra y parasitarla, transformándose en esencialmente bolsas de esperma que fertilizan a la hembra y aseguran la continuidad de la especie. En la imagen, se pueden observar al menos dos pequeños machos adheridos al vientre de la hembra. Además, el apéndice en la cabeza de este pez es un órgano bioluminiscente utilizado para atraer a sus presas.

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